
Por Jose Ridoutt Polar
Dirigida por Jonny Campbell y adaptada por David Koepp a partir de su propia novela, esta comedia de terror y ciencia ficción apuesta por un tono deliberadamente retro, entre lo kitsch y lo entrañable. La historia gira en torno a un virus fúngico mutante —altamente contagioso y en constante transformación— que es liberado accidentalmente desde los niveles subterráneos de una antigua instalación militar sellada. Cuando el hongo parasitario logra escapar, se propaga sin control y desata un caos biológico que amenaza con extinguir a la humanidad.
La acción se concentra en un depósito construido sobre esa base olvidada, donde dos empleados comunes, junto a un agente retirado experto en bioterrorismo, deben enfrentar la crisis y contener la amenaza antes de que sea irreversible. El relato reduce el apocalipsis a una sola noche y a una única locación, apostando por una tensión claustrofóbica en la que la inminencia del fin del mundo compite con el impulso casi irónico de convertir la catástrofe en espectáculo.
Liam Neeson —ya convertido en una suerte de versión autoconsciente de sí mismo— imprime a su personaje ese carisma adusto que oscila entre la seriedad y la autoparodia. Encaja en el molde del militar retirado que busca cerrar cuentas pendientes de hace veinte años, pero añade un matiz crepuscular: dolores de espalda, fatiga y una vulnerabilidad física que dialoga con la amenaza biológica que intenta contener. Su presencia magnética atraviesa la película, hasta el punto de que el espectador piensa tanto en la estrella como en el personaje.
Pese a haber permanecido dos años acumulando polvo en una estantería, el film resulta más entretenido de lo que cabría prever. El reparto, encabezado por Joe Keery, Georgina Campbell y el propio Neeson, se complementa con Sosie Bacon, Lesley Manville y Vanessa Redgrave, aportando solidez y oficio a una propuesta que abraza sin complejos su espíritu de serie B, combinando humor, horror biológico y un apocalipsis contenido que se disfruta más por su tono que por su plausibilidad científica.
